A Paula Blasi la Amstel no le esperaba. Ni ella a la Amstel. Todo empezó con una espera improvisada en Bélgica, con un plan a medias y una frase que lo cambió todo: “Espérate un par de días por si alguna se pone mala”. Se quedó. Y en ese quedarse, sin saberlo, empezó a construirse una victoria que ni siquiera hoy termina de entender.

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