El miércoles por la noche en Helsinki, después de ganar la Supercopa de Europa, Carlo Ancelotti se sentó en los escalones del podio de la celebración, a charlar un rato con Militão y Casemiro: “Estaba cansado y me he sentado. El problema es que tengo una rodilla que me molesta cuando estoy de pie”, explicó. Es un artificiero capaz de desactivar cuestiones delicadas provocando sonrisas.

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