El Sevilla es un disparate. Un equipo roto, sin orden, donde se borran los mundialistas argentinos Papu y Acuña y no pasa nada. Un grupo que se queda con nueve jugadores a los 33 minutos de juego por las expulsiones, bien vistas por el VAR, de Rakitic y de Nianzou. Señales que acompañan a los equipos descompuestos, envueltos en una dinámica muy peligrosa. Jorge Sampaoli no ha podido revertir la situación de este Sevilla donde jugadores antes decisivos, caso de Rakitic o de Navas, deambulan como fantasmas. Con el técnico argentino, el Sevilla ha jugado siete partidos, con un saldo de tres derrotas, tres empates y una sola victoria.

