No sé bien para qué y cómo escribo esto, pero ahí va. Hasta que comenzó Qatar 2022, de los últimos cuatro Mundiales anteriores, entre Alemania 2006 y Rusia 2018, por mi trabajo de periodista había estado en tres. El que acaba de terminar este domingo con el penal de Gonzalo Montiel y el beso más romántico del mundo, el de Lionel Messi a la Copa del Mundo, lo seguí desde mi país: un par de partidos de Argentina frente al televisor junto a mis compañeros de redacción y los restantes, como esta final de hoy, entre amigos, mi familia y nuestros hijos en la consumación del rito final, el del fútbol, el asado y el fernet.

