La primera gran batalla política de la nueva Fórmula 1 seguramente se habrá iniciado y resuelto antes incluso del arranque del Mundial. En un rincón se encuentra Mercedes; en el otro, Audi, Red Bull, Honda y Ferrari, los otros cuatro fabricantes que compiten. El conflicto nace de la sospecha sobre la ventaja en términos de rendimiento que presuntamente ofrecería la unidad de potencia de Mercedes, gracias a una zona gris del reglamento técnico que entra en vigor este año. Antes incluso de que comenzaran los ensayos de pretemporada que este viernes concluyeron en Baréin, empezó a extenderse por los garajes la creencia de que Mercedes habría ido al límite con su propulsor, hasta haberlo traspasado.

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