Hace unos días, Robert Lewandoski se presentó en los premios Laureus y dijo que esta temporada había sido la temporada del portero Ter Stegen. Tenía razón sólo en parte porque la temporada también es suya, del propio Lewandoski. El delantero centro reivindicaba al portero, y raro sería que el portero no reivindique a su vez al delantero. Los dos resumen el campeonato del Barça a la manera en que tantas temporadas se resumían los campeonatos del Madrid: un portero milagrero, casi siempre Casillas, y un delantero implacable, fuese Ronaldo o Van Nistelrooy. Temporadas grises de juego y de poca competencia en los rivales; títulos que se sentencian en invierno gracias a la efectividad y no el preciosismo, el pragmatismo y no el espectáculo, la victoria porque no queda otra y no la victoria con mensaje ideológico. La mejor noticia del Barcelona este año no es la Liga, que es una noticia impresionante, sino el vivero que ha contribuido a ganarla y, de paso, a convertir a Ter Stegen o Lewandoski en las figuras del título.

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