Hay noches que llegan en el peor momento posible. Noches en las que todo pesa más: el marcador, el ruido alrededor y hasta cada gesto bajo los palos. Para Unai Simón, la semifinal de la Supercopa de España en Jeddah fue una de esas noches. Cuatro goles encajados en la primera parte, foco absoluto sobre su figura y una sensación difícil de esquivar. Justo ahora, cuando su puesto en la selección vuelve a estar en cuestión, el fútbol no tuvo piedad.

