El ciclismo pospandemia rueda sin frenos y no espera a nadie. En una era dominada por el scroll permanente y la urgencia del algoritmo o los resultados, el pelotón se ha visto contagiado por el ritmo del aquí y ahora. Se queman etapas a velocidad de vértigo, exigen resultados inmediatos y, en esa prisa neurótica, el viejo manual de los códigos ciclistas ha saltado por los aires. Son las normas de una nueva era.

