Los jugadores del Albacete llegaron casi dos horas antes al estadio aporreando las ventanas del autobús mientras la multitud les gritaba que sí se podía. Y vaya si pudo el 17º clasificado de Segunda División. Un fragor y éxtasis final en el Belmonte que contrastó con el gesto imperturbable del debutante Álvaro Arbeloa durante todo el partido, cuya vestimenta de color negro luto anticipó el desenlace trágico de la noche para sus intereses. Clavado en la zona técnica con las manos en los bolsillos en la velada helada de La Mancha, el hombre no movió un músculo mientras asistía a la función fúnebre de su equipo y su estreno como entrenador del Madrid. Ni siquiera con el 2-2 de Gonzalo García en el 91. Con el 3-2 en el 94 de Betancor, dio una vueltecita sobre sí mismo y afrontó el primero el camino mortuorio a los vestuarios.

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