Ha costado sangre, sudor y lágrimas que Vallecas llegue a Leipzig. Y dinero, mucho dinero que ha supuesto auténticos quebraderos de cabeza. Luis no estará allí, pero también ha pasado por una de esas fases. Lleva 27 años viviendo en Madrid, doce de socio del Rayo, y esta semana ha tenido que quedarse mirando cómo sus colegas hacían las maletas mientras él cerraba el trabajo. Zaragozano de origen, vecino de Vallecas por adopción y rayista por convicción. «Por responsabilidad no puedo hacerlo», cuenta. La final la verá en la Albufera, en el bar de siempre, con los que tampoco pudieron viajar. Pero antes de llegar a eso, tuvo que resolver otra cosa.

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