Natalie Grabow lleva años ofreciendo su cuerpo y su mente para analizar los límites del ser humano. El sábado buscará en Hawái, la cuna del triatlón de larga distancia, su última respuesta. ¿Puede una octogenaria acabar el Ironman más prestigioso del mundo? Ha cruzado ya diez veces esa meta icónica de Kona, el paraíso deportivo al norte de la isla que exportó por todo el mundo uno de los menús deportivos más angustiosos: 3,8 kilómetros de nado en aguas abiertas, 180 de ciclismo –en un terreno expuesto a los vientos de costado, con un sube y baja constante entre campos de lava y el océano– y una maratón (42,2 kilómetros) de carrera como postre. La última vez que lo hizo fue en 2022. Tres años después, a los 80, estrena categoría (F 80-84) y aspira a ser la mujer de más edad que completa el desafío, la guinda a un periplo de superación de una estadounidense que se enamoró de la macedonia de los tres deportes ya entrada en los 60 y que no solo ha dejado rivales por el camino, sino al envejecimiento.

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