<strong>Álvaro Domínguez</strong> (Madrid, 1989) tuvo que colgar las botas de manera prematura debido a <strong>unos problemas de espalda que le obligaron a pasar por el quirófano en dos ocasiones</strong> y que le terminaron privando de disfrutar del fútbol con la continuidad que él hubiese deseado: <strong>»A nadie le gustaría ser un inválido con 27 años. Este es el precio que voy a tener que pagar. Un abrazo y espero que nos veamos pronto»</strong>, aseguró en su carta de despedida antes de enfrentarse al partido más importante de su vida: <strong>recuperar su felicidad</strong>.

