Aunque a menudo se imagina el fin de la Tierra con el impacto de un asteroide o el momento en que el Sol engulle el planeta, la comunidad científica apunta a un escenario mucho más silencioso y progresivo a muy largo plazo. El verdadero riesgo, según diversos estudios, es que la atmósfera deje de ser apta para la vida compleja mucho antes de que el planeta desaparezca físicamente.

