Padam, Padam, Padam, canta Edith Piaf por megafonía, y el Parque de los Príncipes ruge emocionado como si por fin la multitud hubiese descubierto el verdadero éxtasis que producen los equipos de fútbol desaforados cuando expresan esa esperanza de felicidad que es la belleza misma. Con poesía, con locura, con un coraje desaforado, y con las dosis de sabiduría del inagotable acervo de Vitinha y Neves, el Paris Saint-Germain remontó el 0-1 del Aston Villa convirtiéndolo en 3-1 y en otra fiesta para la hinchada local. La vuelta en Birmingham promete más voluptuosidades.

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