El Madrid, que no el madridismo, se cansó de negar la evidencia una y otra vez nada más arrancar la pretemporada. Una plantilla que perdía a Toni Kroos, dueño y señor del juego blanco, y a otras dos piezas, Nacho y Joselu, que sin ser las más mediáticas de todo el elenco blanco le servían a Ancelotti a dar sentido a su plan, uno que se ha evaporado ocho meses después de conquistar la Decimoquinta. Pidió un centrocampista y un defensa… y le trajeron dos delanteros, Mbappé y Endrick. Así las cosas, al italiano le tocó jugar con un tablero de ajedrez, nunca mejor dicho tras el tifo blanco en el día de ayer, con menos piezas de las esperadas

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