Hay derrotas que duelen. Y hay derrotas que enseñan. La del Real Madrid ante el PSG fue ambas cosas a la vez. Un golpe seco, una sacudida de realidad que no debe desviar al club blanco del camino marcado. Mientras el equipo parisino bailaba al compás de un plan trabajado durante dos años, el Madrid aún buscaba reconocerse en el espejo de un proyecto que apenas comienza.

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