Normalmente, Diego Pablo Simeone tiene por costumbre no saludar al entrenador rival al finalizar los partidos porque enfila a la carrera el túnel de vestuarios. La noche del martes en Montjuïc, se cruzó con Hansi Flick y le dio un abrazo. Más allá de los errores que apreciaron en sus equipos, ambos técnicos parecieron felicitarse por la bacanal de juego y goles ofrecida. Un partido histórico que homenajeó aquellos duelos de los años 90 entre azulgranas y rojiblancos que eran garantía de goles y alternativas en el marcador.

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