Lamine Yamal creció viendo los vídeos de Neymar. Un jugador que, pese a su narcisismo, nunca se vio a sí mismo como el número 1 porque, entre otras cosas, le tocó vivir bajo la sombra de Messi en sus mejores años como futbolista. Lamine, contaba Juan I. Irigoyen este lunes, no tenía que esperar a los resúmenes del domingo para disfrutar de su ídolo, como le ocurría al argentino 20 años antes como Pablo Aimar. Corría a la habitación de la casa de su abuela a ver las imágenes en Youtube del brasileño y se iba al parque a reproducir sus jugadas. “Intentaba copiarlo. Y me salía siempre a la primera”, contaba sin rubor. Uno sonríe, piensa, claro, te salían porque en el parque de Rocafonda no estaban Marquinhos, Varane o Sergio Ramos. El problema para el análisis exprés es que luego, cuando se los encontró, o a jugadores de esa misma talla, le salió igual de bien.

