<strong>Nadie sensato hubiese apostado por Myrto Uzuni (Berat, 1995) en la casilla de salida</strong>. El futbolista albanés nació en el seno de una familia humilde que luchaba por salir adelante en un país sumido en el caos y, como otras muchas historias, la suya se podía haber diluido entre la multitud. No obstante, el destino le tenía reservado un camino diferente, adoquinado con constancia, sacrificio y una fe inquebrantable: «Mi viaje comenzó con mi padre, desde el principio él siempre quiso que me convirtiera en jugador de fútbol, que aprendiese inglés porque me iba a ayudar en la vida. Fue mi primer entrenador y me apoyó desde el primer día», recuerda el rojiblanco.

