Gregg Popovich era una de las pocas entidades perennes dentro de la siempre cambiante NBA, uno de sus iconos globales dentro y fuera de la pista, capaz de trascender incluso a sus jugadores, las grandes estrellas del tinglado. Sus palabras, ya fueran sobre un triple mal defendido o sobre el nefasto liderazgo político de Donald Trump, pronto se convertían en un mantra. También sus acciones. Bajo su mandato de tres décadas, el técnico estadounidense fue pionero en la inclusión de los talentos internacionales sobre la pista, en el acercamiento a los planteamientos tácticos europeos e incluso en la aparición de las mujeres en la banda.

