Sabíamos que las estaciones del año modifican la estética de las montañas, alteran las condiciones para acercarse a ellas, que el espectáculo de las cimas contemplado desde la lejanía parece una imagen estática aunque en las distancias cortas se aprecie un mundo en movimiento y evolución. No contábamos con la evidencia trágica de este verano de canícula que ha alterado para siempre la historia de los escenarios alpinos.

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