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La gracia está con Mathieu van der Poel, que gana en solitario su primera París-Roubaix

Fuente: El País Original en elpais.com

“Allez Poupou” (dale, Poulidor). Un aficionado lo ha escrito en un cartón y desde la cuneta se lo muestra a Van der Poel, que, equilibrista hasta el último segundo, sin tocar los frenos, dejando patinar la bici en las curvas como un piloto de rallies, pasa volando a su lado, a más de 60 por hora, y ni lo ve seguramente, un chispazo fugaz, y si lo ve, seguramente no lo entiende, piensa que no va con él, aunque Poupou, al que él llamaba Pappy, y se emocionaba con sus abrazos rudos, la ternura de un leñador, fue su abuelo. El velódromo de Roubaix ya se huele, se oye, está ahí al lado. Una mano precisa sujeta la campana, preparado para que esquile cuando pase la sombra de Van der Poel. La victoria le espera. La reina de las clásicas le ama. El Infierno del Norte, el monumento de la París-Roubaix, es suyo el año que cumple su edición número 120. Lo gana, y es el cuarto monumento de su carrera, tantos como dios Pogacar, con el dorsal número 21, el mismo número con el que hace tres semanas ganó el tercero, la Milán-San Remo. Los dos primeros, los Tours de Flandes de 2020 y 2022, llevaba otros números. Le quedan dos para igualar a Merckx, De Vlaeminck y Van Looy, los únicos que han ganado los cinco, Lieja y Lombardía.