La palabra “disfrutar” sobresalía tanto en la nota como subrayada estaba la de “pasador” y señalada había quedado también la expresión “no egoísta”, unas apreciaciones poco comunes para un prebenjamín y nada corrientes en los informes de Isidre Gil, escritos siempre con letra diminuta y llenos de puntitos, habitualmente precisos y austeros, propios de un observador humilde y discreto, próximo al campo y alejado de la cámara, fiel discípulo del legendario Oriol Tort que da nombre al centro de formación del FC Barcelona. La mirada de Gil había localizado en La Torreta a un regateador de siete años que en el campo siempre tomaba la mejor decisión y cuyo nombre era Lamine Yamal. El diagnóstico invitaba a una rápida actuación del equipo de técnicos que en 2014 formaban el organigrama del fútbol base del Barça.

