La fe mueve montañas. Y ahora también acelera corazones. Porque con fe puedes hacer grandes cosas. Y Pedro Porro lo sabe. Su gol ante Francia, el segundo para él en el Mundial, es el de la fe, la confianza en uno mismo y, por supuesto, la calidad. Porque la jugada en la que acabó empujando el balón para dentro nació de sus botas y de su empeño.

