Nueva York lleva toda la vida conviviendo con el caos. Con calles abarrotadas, hoteles llenos, colas interminables y miles de turistas cruzándose a todas horas. Pero esta semana ocurre algo diferente en una ciudad que siempre ha presumido de no detenerse nunca. Obligada a seguir otro ritmo, ahora todo gira alrededor de la final del Mundial.

