La selección de Marruecos vive feliz encajonada entre el imponente bosque del rascacielos del que también forma parte el lujoso hotel Wyndham en el que se hospeda, anclado en el corazón del distrito West Bay de Doha. El edificio se dispara hacia las alturas con la unión de tres cubos de cristal oscuro que, en una terraza exterior, da cobijo a cuatro piscinas y a un lounge donde los clientes fuman shishas. La expedición marroquí ha sido de las pocas que ha preferido recluirse en el corazón de Doha. No ha buscado el aislamiento en la periferia de la Universidad de Qatar, como España y Argentina, o en un resort en medio del desierto como Alemania o Bélgica.

