Conocí a mi mujer, Antonia, en un guateque que organizaron unos amigos en la Nochebuena de 1979. Nos casamos tres años después, en 1982, el año de Naranjito, pero no nos vimos mucho durante el noviazgo: ella vivía en Jaén y yo en el sur de Francia, adonde emigró mi familia cuando yo era pequeño. Solo nos podíamos ver en verano y en Navidad. El resto, solo cartas y alguna llamada cuando se podía. Era otra época. Supongo que cuando nos encontrábamos, tratábamos de aprovechar el tiempo al máximo así que no me enteré hasta poco antes de pasar por el altar que Antonia era del FC Barcelona, mientras que yo siempre he sido blanco. Primero del Olympique de Marsella y luego del Real Madrid.

