Para el Real Madrid, el partido contra el Alavés era algo así como el aperitivo de un banquete que en realidad se dispone a acometer el miércoles en el Bernabéu, en la vuelta de los cuartos de final contra el Arsenal. Lo resolvió dejándose más de lo que esperaba con un gol de Camavinga que resultó suficiente para tumbar a un Alavés muy intenso y peligroso que le amenazó hasta el final, que no le permitió ahorrarse nada. El penúltimo lance del encuentro fue una amarilla a Courtois por dejar correr demasiado el tiempo.

