Después de seis horas sobre la bici, de un desnivel positivo de 5.000 metros y de cuatro puertos de aúpa, a Juan Ayuso no se le ocurrió otra cosa que tirarse a la nieve que había en una de las cunetas de la estación de esquí de La Molina. Un poco de frío para un cuerpo en llamas, desfondado. Allí fue a abrazarle Paco Lluna, su confesor y masajista, además de su compañero Marc Soler, que agitó la carrera como acostumbra. Con esa alegría entremezclada con el cansancio, transmitió Ayuso a las claras su esforzado triunfo, por más que se requirió de la fotofinish para descifrar quién había logrado el último golpe de bicicleta, si él o el voraz Primoz Roglic. Y sí, fue el español, por un centímetro, el que se llevó el laurel y el certificado de que está para competir por la Volta tras imponerse en la Tirreno, además de en la Faun Drome y el Trofeo Laigueglia. Una explosión en toda regla acompañada por el ejercicio de autoridad de su equipo, el UAE.

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