“Los europeos no lo entienden”, advierte Heung-min Son (Chuncheon, Corea del Sur, 29 años) cuando le inquieren por su periodo formativo. En el equipo de los infravalorados sería indiscutible y luciría la bota de oro que le entregaron el pasado domingo tras marcar en Norwich los dos últimos goles de una cuenta de 23 para cerrar la Premier League (la misma cifra que Salah, del Liverpool). Los metió con la derecha, que en teoría es su pierna dominante. Con ella anotó 11 dianas, y con la izquierda otras 12. “Nadie, ni siquiera él mismo, sabe si es zurdo o diestro”, apuntan varios de sus compañeros en el Tottenham. Y ahí hay que rebobinar hasta su infancia. En efecto es difícil, para la mentalidad occidental, entender el tipo de exigencia y disciplina en la que se forjó Son, ahora el primer asiático que se corona como máximo goleador de la Premier.

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