Lo intenté, lo intenté. Ahora se acabó. Empecé aquí y cierro aquí». Neymar estaba destinado a suceder a Messi y Cristiano. Era el heredero natural de una era irrepetible, el futbolista que debía recoger el testigo cuando las dos leyendas dijeran adiós. El único futbolista que parecía reunir el suficiente talento, carisma y dimensión mediática para ocupar un trono que durante más de 15 años compartieron el argentino y el portugués. Sin embargo, el fútbol terminó construyendo para el 10 brasileño una paradoja cruel.

