Tropiezo a tropiezo, los diagnósticos en el Atlético han dejado atrás el análisis futbolístico para centrarse en el psicológico. La imagen ofrecida en Oporto, la noche en la que el equipo se exilió de Europa para todo lo que resta de curso, y la incapacidad para ganar al Espanyol con un jugador más durante una hora han vertebrado la casuística de la mala temporada en la psique del grupo. “Psicológicamente no estamos bien. No es normal que nos esté pasando lo que nos está pasando. Cuando no estás bien así, el cuerpo no funciona tampoco como debería. Nos está faltando tranquilidad arriba y eso es una cosa de la cabeza. Hasta que no nos tranquilicemos no vamos a ganar”, proclamó Jan Oblak al término del partido con el Espanyol. El propio Simeone también arguyó en la sala de prensa del Metropolitano que la falta de resultados estaba aumentando la inestabilidad emocional de sus futbolistas. Simeone sitúa el punto crítico del derrumbamiento anímico del plantel en el penalti fallado por Carrasco que abortó cualquier posibilidad de disputar en Oporto el pase a los octavos de final la Liga de Campeones. En O Dragão saltaron las alarmas del apagón mental porque el equipo, jugándose la participación en la Liga Europa, ofreció una inferioridad manifiesta con el campeón luso en términos de competitividad. Algunas críticas internas apuntaron a que los jugadores no procesaron ni lo que estaba en juego ni el partido guerrillero que les iba a exigir el Oporto para poder alcanzar el objetivo de seguir en Europa.

