Antes de acometer al Chelsea, el anfiteatro celebró un acto de comunión con su hijo más necesitado, Fede Valverde, protagonista de repente de su semana más convulsa. Cuatro días después de ser denunciado en la comisaría por propinarle un puñetazo en la cara a Álex Baena, el Bernabéu lo acunó, comprendiendo más los motivos que expuso de su ataque de ira (el jugador del Villarreal se mofó presuntamente de su hijo) que torciendo el gesto por una reacción tan destemplada. Tampoco se esperaba otra cosa. Ya cuando se retiró del calentamiento, tuvo que levantar el brazo como agradecimiento al personal. Pero justo en los segundos previos al silbatazo inicial, la grada rompió en una ovación gritando su nombre a coro. La escena no fue breve ni protocolaria, sino todo un acto de respaldo, al que el uruguayo respondió con aplausos y la mano al pecho.

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