La excepción está en lo consabido, proclama la Vuelta en el Palau de la Música de Barcelona, escenario de conciertos y desconciertos de todo tipo, y saqueos, y de la presentación de la carrera ciclista española, que ha hecho de su lema casi circense, más difícil todavía, y unas cuantas sorpresas y muchas montañas, un hábito tan asentado como lo son las 12 uvas, el roscón de Reyes, los arbolitos y las guirnaldas. Y que no falten, como no faltan en la edición de 2023, del 26 de agosto al 17 de septiembre, de Barcelona a Madrid, ni el Tourmalet, su cima como meta, y el brumoso Aubisque y el asesino Larrau, y dos etapas Tour, ni el Angliru y unos cuantos días por los infiernos del Cantábrico, ni el lunar Xorret del Catí y ni siquiera unas montañas en Andorra y hasta en el desierto de Caravaca de la Cruz y Teruel, y una contrarreloj en Valladolid, como en los viejos tiempos. El recorrido es la estrella. El adelanto del Mundial, ubicado entre el Tour y la ronda española, seguramente afectará a la participación.

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