Tania Zeng (57 años, Foshan, China) es una mujer que, cuando habla, ríe. Y, cuando ríe, ríe fuerte. Recibe a EL PAÍS un viernes lluvioso de junio en Santiago de Chile. Son las 11 de la mañana y acaba de terminar su entrenamiento con el equipo chileno de tenis de mesa en el Centro Nacional de Entrenamiento Olímpico, en la comuna de Ñuñoa. Antes de la entrevista se pone su chaqueta roja, propia de los seleccionados nacionales y su marido, Arturo Aravena, le arregla el cuello de su camiseta.

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