El fútbol no tendría la reputación que tiene si hiciera siempre lo que esperamos que haga. Por esa razón, hay ocasiones en que tenemos una esperanza contraria a la razón antes de partidos en que partimos como víctimas. De la misma forma, nunca nos sentimos favoritos precisamente porque conocemos los caprichosos giros de los asuntos futbolísticos. Esta semana de Champions estuvimos ante algunos de estos ejemplos en los que la justicia no premió el mérito. Siempre que ocurre, me parece que el fútbol se está traicionando a sí mismo. Como si después de tanto tiempo yo no supiera lo cabrón que es.

