Mientras la industria del fútbol se prepara para vivir su gran acontecimiento anual, la final de la Champions, en las profundidades del sótano, siete pisos más abajo de la planta noble, ocho clubes europeos de categoría regional disputan su particular Champions del pueblo. La mayoría lo hace en campos alquilados, ante unos centenares de aficionados en el mejor de los casos y con jugadores que antes de calzarse las botas son panaderos y abogados; pero, igual que las estrellas planetarias, ellos también llevan toda la temporada recorriéndose Europa y jugando entre semana para competir en partidos que son retransmitidos en streaming con doble narración (en inglés y el idioma local).

