Hace una semana, un corro de jugadores infantiles de dos equipos de Tenerife rodeó a Souleymane (Malí, 12 años) para celebrar que ya, además de entrenarse, podía disputar partidos oficiales de fútbol en su categoría. La aceptación por parte de la FIFA, el pasado mes de noviembre, a implementar una excepción en la estricta normativa que impuso en 2001 para evitar el tráfico de menores es lo que ha propiciado que niños de todo el mundo en situación de desamparo y vulnerabilidad puedan competir. Una emotiva carta que envió a la FIFA Souleymane (nombre ficticio dado por la familia de acogida para proteger la intimidad del menor) fue definitiva para desatascar el liberador proceso. En este convergen la arriesgada travesía en patera del chico, sin sus padres, desde Malí a Canarias, una luchadora madre de acogida, Elena Cotarelo, y una guerrillera jueza de Las Palmas, Reyes Martel. Las dos mujeres no se conocen personalmente, pero a ambas las emparenta estar muy sensibilizadas con proteger los derechos de la infancia por encima de todo.

