La marcha, siempre amenazada por comités olímpicos, federaciones internacionales, jueces, puede pararse, y Álvaro Martín puede concluir que ya es hora de cambiar el asfalto por la moqueta de un despacho de abogados, pero María Pérez, no. No se cansa de marchar ni tampoco de ganar. Y como si un poeta sentimental lo hubiera prescrito, todo ocurre en Podebrady, lugar de su renacimiento, rabia y reencuentro con la felicidad en la primavera de 2023.

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