En 1988, la URSS se le escurría entre los dedos a Mijaíl Gorbachov. Su nombre está irremediablemente ligado al de sus medidas para abrir la Unión Soviética al mundo y contener el descontento interno, dos palabras en ruso que pronto resonaron en todo el planeta: Glásnost y Perestroika. La segunda se traduce como ‘reestructuración’ y fue más política y económica, mientras que la primera hacía referencia a la ‘apertura’ de los medios de comunicación. Y tanto se quisieron parecer algunos a los medios de Occidente, sin que nadie lo esperase de aquel país hermético, que el 1 de abril de 1988 el periódico Izvestia provocó un terremoto en el mundo del fútbol.

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