Anne Hidalgo abandona el Ayuntamiento de París dejando una ciudad profundamente transformada, marcada por la peatonalización, la limpieza del Sena y una lucha frontal contra el coche privado. Lo que hoy parece un oasis de ciclistas y familias fue, hace una década, el epicentro de una guerra política y social que la alcaldesa lideró con una determinación que sus detractores califican de autoritaria, pero que ella defiende como una necesidad vital ante la crisis climática.

