La afición del Valencia esperaba con entusiasmo al equipo de Corberán en las orillas de Mestalla. Los dos últimos buenos resultados en casa (1-0 ante la Real y 2-1 frente al Celta) habían borrado de su memoria, o al menos parecía, el 7-1 que le había estampado el Barça el 26 de enero en Montjuïc. Pero el Valencia se pareció más al equipo que sucumbió en Barcelona que al que había mostrado un cambio de actitud, sobre todo de fútbol, en sus últimos encuentros en Mestalla.

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