No son necesarias pancartas de No Kings en los Alpes. Tadej Pogacar no es Eddy Merckx, tirano iracundo, sino un príncipe sonriente que quiere que su corte se divierta, y les deja a los demás alargar el recreo, y hasta ganar. Alegría de último día de colegio antes de las vacaciones en la Dauphiné junto al luminoso lago de Mont Cenis, un altiplano limpio a 2.100 metros de altura en la frontera con Italia, todo alrededor son cumbres y un glaciar sucio que ensucian más aún esquiadores veraniegos para acoger la primera victoria absoluta en la Dauphiné (en su segunda participación) de Tadej Pogacar. La 99ª a los 26 años, en seis y medio de carrera. Ningún ciclista en activo, ni siquiera los sprinters que ganan etapas por docenas, ha ganado más carreras que él. Nadie duda que la centésima llegará en el Tour que ha ganado ya tres veces, y seguramente ganará más.

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