Sopla un viento de galerna desde el mar de Irlanda y la primavera se suspende de pronto cuando los jugadores del Liverpool saltan al campo de entrenamiento de Kirkby dando voces que suenan a gritos prehistóricos, propios de una banda de cazadores nómadas, no de muchachos bien criados, y en medio de la montonera destaca la figura negra de Jürgen Klopp.

