Vagando por el campo con ese rostro atormentado, Julián Alvarez era la más pura expresión de los que se conoce como “alma en pena”. He aquí un hombre que sufre, pensé. No un rebelde enfadado, dispuesto a sabotear las órdenes de sus patrones, sino alguien que no sabe qué hacer con su cuerpo. Con el gol de Giuliano pensé cuánto bien le habría hecho marcarlo él, pero eso era imposible, porque a diferencia del eléctrico hijo del entrenador, vagaba por el campo desactivado, sin conexión con sus compañeros y temeroso de la grada. Los futbolistas son jóvenes, ricos y famosos, tres condiciones envidiables, pero también sufren.

