Sin Haaland, su goleador, y sin Bernardo Silva, su gran contramaestre, el Manchester City se abocó al riesgo extremo en una tarde con valor de campeonato. Lo visitaba el Liverpool, que incluso en sus momentos más tristes inspira miedo en el Etihad. El equipo local necesitaba ganar para mantenerse en la persecución del Arsenal, disparado a ocho puntos de distancia. Lo consiguió gracias al plan excéntrico de Guardiola, rematado por una actuación memorable de Julián Álvarez.

