Las últimas semanas que lleva <strong>Julen Lopetegui en el Sevilla </strong>son las de un entrenador <strong>pegado a un finiquito</strong>. Lo primero que lee cada mañana, cuando se asoma a los medios, son especulaciones sobre <strong>los días que le quedan en el cargo</strong>. Ha jugado ya unas pocas de finales, donde una derrota lo dejaría en el camino, como la de esta misma tarde ante el <strong>Atlético</strong>. Como hombre de fútbol las ha visto de todos los colores y más. Sólo hay que pasarse por ese <strong>2018</strong>, desde su <strong>salida de la Selección a su también final de trayecto en el Santiago Bernabéu</strong>. Está curado de espanto, cómo se dice vulgarmente, aunque no es agradable trabajar sabiendo que <strong>muchos de los que te dan los buenos días en la Ciudad deportiva brindarían con alegría si hicieses las maletas</strong>. Desde el verano, la situación con determinados cargos es casi insostenible. <strong>A Lopetegui o mantiene la persona con mayor poder deportivo del Sevilla, Monchi</strong>, al que también le está costando ciertos disgustos la apuesta que sigue manteniendo.

