<strong>Carlo Ancelotti</strong> es un gestor único… y un tranquilizador de primera. El técnico italiano aprovechó sus primeras palabras tras el pitido final para rebajar la alarma con el susto de <strong>Eduardo Camavinga</strong> en el minuto 84. El francés<strong> pidió el cambio, recibió una primera exploración</strong> por parte de los servicios médicos del club y acabó con una <strong>bolsa de hielo en su maltrecha rodilla izquierda</strong>.

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