El fútbol, bendito deporte, suele ser caprichoso, y precisamente ahí radica su grandeza. <strong>En su mejor partido de la temporada el Real Madrid, máximo goleador de LaLiga, se quedó por primera vez sin anotar en los 29 encuentros que lleva disputados y perdió dos puntos en casa</strong>. Fue incapaz de superar a la Real Sociedad en el marcador, porque en el césped los blancos se impusieron a los donostiarras precisamente en la suerte que mejor dominan los de Imanol: jugar bien al fútbol. <strong>Pero les faltó acierto. Y eso, acierto, es justo lo que le está sobrando en las últimas jornadas a su eterno rival, un Barcelona menos vistoso pero más práctico que nunca</strong>. Es paradójico que los azulgranas hayan cimentado y ampliado su liderato sacando sus tres últimos partidos sin poder contar con Lewandowski por 1-0 y pidiendo la hora después de 90 minutos jugados con más pena que gloria. Pero en los últimos días por la Ciudad Condal no se escuchan debates sobre la obligación de jugar bien. <strong>El relato tendrá que esperar ocasiones más propicias. </strong>

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