Sucede con frecuencia, demasiada recurrencia. No escapan al vacío las semifinales disputadas este jueves, cuando tanto al mediodía como a la noche predominó el cemento en la grada. Mucho asiento vacío y mucho plástico, poco aficionado. Pero no es una excepción. Ocurre ahora en Madrid, donde cada vez que intervienen las tenistas los graderíos van despoblándose. Un tercio del aforo, si no menos. Poco importa que la número uno del circuito, la polaca Iga Swiatek, despliegue ese juego tan corrosivo y tan acorazado que, de mantener la línea, tal vez pueda guiarle hacia el territorio de aquellas jugadoras que han conseguido dejar huella en el tenis.

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